A pocos días del inicio de un nuevo Gobierno, llevé al Senado la voz de miles de familias de Necoclí, San Juan de Urabá y Arboletes. Urabá no puede seguir esperando: es momento de saldar una deuda histórica con una región que tiene todo para convertirse en uno de los principales motores de desarrollo de Colombia.
Hay regiones que han esperado demasiado. Urabá es una de ellas. Durante años, una de las zonas con mayor potencial para el desarrollo del país ha tenido que convivir con vías deterioradas, infraestructura insuficiente y respuestas que nunca llegaron. Esa fue la realidad que llevé al Senado de la República, convencido de que el próximo Gobierno tiene la oportunidad y la responsabilidad de cambiar esta historia.
Es increíble que una vía nacional, estratégica para conectar al departamento de Córdoba con el acceso por el norte de Antioquia hacia los puertos, permanezca en el estado de abandono en el que hoy se encuentra. No estamos hablando de una carretera secundaria: es un corredor clave para la movilidad de miles de personas, para el transporte de alimentos, para la competitividad del Urabá y para el desarrollo portuario de Antioquia. Sin embargo, durante años Invías ha sido incapaz de responder a las necesidades de esta región.
Como si eso no fuera suficiente, las inundaciones del pasado mes de enero agravaron aún más la crisis. La fuerza del río destruyó puentes, dejó comunidades incomunicadas y partió en dos al municipio de San Juan de Urabá. Cientos de familias campesinas perdieron buena parte de sus cultivos y vieron cómo su única fuente de sustento desaparecía. ¿Y cuál fue la respuesta de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo? Ninguna. La ayuda nunca llegó y miles de familias quedaron enfrentando solas una emergencia que exigía una respuesta inmediata del Estado.
Urabá no se ha rendido. Su gente sigue trabajando, produciendo y creyendo en el futuro, incluso en medio de las dificultades. Por eso mi llamado fue claro: el Gobierno que asumirá el próximo 7 de agosto tiene la oportunidad de saldar una deuda histórica con esta región. Recuperar sus vías, invertir en su infraestructura y fortalecer su conectividad no es un favor para Antioquia; además de ser un acto de justicia, es una decisión estratégica para impulsar la competitividad, el empleo, la seguridad alimentaria y el desarrollo de Colombia.
Como senador antioqueño seguiré alzando la voz por Urabá, porque creo profundamente en el potencial de su gente y en todo lo que esta región puede aportar al país cuando cuenta con el respaldo del Estado. Es momento de pasar la página del abandono y comenzar a escribir una nueva historia de oportunidades, progreso y dignidad.
Quiero compartirles mi intervención en el Senado de la República, donde expuse esta realidad e hice un llamado para que Urabá ocupe, por fin, el lugar que merece en la agenda nacional:

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