Hoy se tiene una oportunidad única para que la subregión se convierta en un referente mundial de crecimiento sostenible y social.
Por: Santiago Montoya Montoya
El puerto de Urabá no solo representa un avance significativo para el desarrollo de la región, sino que se convierte en un factor clave para la competitividad nacional, por lo que merece toda la atención de los antioqueños y el Gobierno colombiano. No tomar decisiones oportunas restará potencial al territorio, afectará las condiciones de vida de sus habitantes y generará grandes riesgos ambientales.
Urabá ha sido epicentro del sector agroindustrial, entre otras actividades económicas, pero el inicio del puerto podría transformar su vocación económica, porque se convertiría en un espacio logístico e industrial. Sin embargo, lejos de verse como una amenaza, este cambio podría ser una gran oportunidad, siempre y cuando se logre una acertada planificación (la cual debió comenzar hace tiempo).
La llegada de nuevos habitantes tanto de otras partes del país como del extranjero es previsible. Ellos llevarán diversas costumbres que modificarían las dinámicas de la subregión y nuevos desafíos que son propios del progreso.
Para enfrentar esos retos, se requerirá una ampliación de la infraestructura del territorio. Los centros de abastos, por ejemplo, deberán crecer para atender la nueva demanda de alimentos y víveres. Al mismo tiempo, se necesitarán nuevas unidades de viviendas, oficinas, bodegas y centros de salud que sean lo suficientemente grandes, de calidad y que contengan las camillas necesarias en las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI).
También, será indispensable el fortalecimiento de las instituciones académicas, aumentar los cupos disponibles dentro de estas y mejorar los escenarios deportivos disponibles para la promoción de la sana convivencia.
De otro lado, en términos de seguridad, se deben poner en funcionamiento más estaciones de policías y tener más uniformados en las calles. A la par, es preciso que incrementen el número de operadores judiciales, para atender los litigios, y fiscales, que atiendan los asuntos penales, con el propósito de que se evite a toda costa la impunidad.

Asimismo, se requieren nuevas zonas de parqueo para evitar la ocupación del espacio público con rodantes y fortalecer el transporte y los servicios públicos bajo una visión de sostenibilidad ambiental.
A pesar de que la lista de prioridades y cambios es larga y densa, hoy existe una oportunidad inmensa para que Urabá se convierta en un referente mundial de crecimiento sostenible y social. Y, aunque las administraciones municipales se enfrentan a limitaciones económicas y técnicas para atender estos desafíos, es fundamental que esta tarea no quede solo en manos de los inversionistas, pues si bien el sector privado avanza a un ritmo más rápido y tiene el apetito y los recursos para ejecutar, el desarrollo debe ser responsable y de la mano de la administración pública.
Adicionalmente, es vital que el progreso sea armónico y no se concentre únicamente en Apartadó y Turbo. De manera que se debe incentivar a los inversionistas para que consideren a toda la subregión de Urabá, de lo contrario, la presión sobre estas dos ciudades será insostenible y podría provocar una migración masiva desde los municipios vecinos, generando dificultades para garantizar las soluciones básicas que requieren el territorio y sus ciudadanos.
Por otro lado, es crucial actualizar los Planes de Ordenamiento Territorial (POT) y los Planes Básicos de Ordenamiento Territorial (PBOT) (según sea el caso) en todos los municipios del eje para que la planificación no sea al azar, sino que sea el punto de partida para un crecimiento consciente. Entretanto, Corpourabá deberá seguir velando por el cuidado de cada uno de los recursos naturales y robustecer sus capacidades en el ejercicio del control y la vigilancia ambiental.
Sin duda, la consolidación de un esquema sociativo es indispensable. Aunque existen diversas opciones, la más razonable parece ser la creación de un Área Metropolitana para la región de Urabá. No obstante, esta propuesta solo tendrá futuro si se afianza una verdadera integración, acompañada de la confianza entre los alcaldes para avanzar en ella, además del respaldo financiero por parte de la Gobernación de Antioquia.
Esto último es vital, puesto que no sería razonable para las administraciones municipales conformar un esquema asociativo en el que ellos mismos se comprometan a proveer los recursos económicos que no tienen. De hacerlo así, solo sería un ejercicio de demagogia, donde la promesa de trabajar armónicamente quedaría en el aire y la realidad es que seguirán tomando decisiones de manera independiente.
Por ello, si se cumplen estas premisas anteriormente propuestas, se garantizaría que los mandatarios locales y los ciudadanos den un paso hacia adelante para conformar el Área Metropolitana, con la certeza de que conservarán la autonomía en sus territorios, pero tomando decisiones metropolitanas en áreas claves como el medio ambiente, movilidad, seguridad, infraestructura, entre otras.
El camino dependerá, principalmente, de la voluntad política del gobernador, quien debe comprometerse no solo con recursos económicos, sino también con asistencia técnica, para hacer realidad una solución a las necesidades urgentes de la región.

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