El martes 3 de febrero fue una de esas noches que no se planean desde el escritorio, sino que se sienten desde el corazón. Nuestro equipo político fue invitado a Manrique, comuna 3 de Medellín, con la expectativa de encontrarme con la gente, pero me fui con algo mucho más profundo: la certeza de que cuando la comunidad se siente escuchada, responde con fuerza, con cariño y con esperanza.
Más de mil personas llegaron desde las partes baja, media y alta de la Comuna 3. Familias completas, jóvenes, adultos mayores, líderes barriales, personas que han vivido la historia de este territorio en carne propia. El Hall 45, un espacio que hoy funciona como centro de espectáculos, se llenó no solo de gente, sino de energía, de conversaciones, de abrazos y de miradas cómplices que decían: “aquí estamos”.

Ese encuentro fue posible gracias al trabajo que vienen realizando diferentes líderes sociales y políticos de esta zona de Medellín, liderados por Johan Sebastián Palacio, edil de este territorio por nuestro partido. Llegamos junto a nuestra fórmula de cara al Congreso, Camilo Gómez, candidato a la Cámara de Representantes; Braulio Espinosa, quien hoy lidera el equipo de los liberales en Envigado y que suena como firme candidato a quedarse con la Gobernación de Antioquia el próximo año, Pero más allá de los nombres, lo que se sentía era una causa compartida: creer que los territorios merecen oportunidades reales y que la política puede hacerse desde la cercanía.
Uno de los momentos más simbólicos de la noche llegó cuando el edil de la Comuna 3, Johan Sebastián Palacio, nos entregó a Braulio, a Camilo, a Héctor Londoño —líder histórico del liberalismo en Envigado— y a mí, un mapa de la zona nororiental de Medellín. No era solo un mapa. Era una llave. Una forma de decirnos: Manrique abre sus puertas, confía y espera.
Después del encuentro, subimos al restaurante Hangar M-45. Confieso que ese momento me marcó. Ver cómo un barrio que en otros tiempos fue reconocido por situaciones adversas, hoy cuenta con espacios de desarrollo comercial, con emprendimientos y con una dinámica distinta, me recordó por qué es tan importante no abandonar los territorios, sino acompañarlos en sus procesos de transformación.

Allí nos reunimos con empresarios que decidieron sumar su apoyo, entendiendo que el desarrollo no es solo infraestructura, sino confianza, articulación y visión de futuro.
Como equipo político creemos profundamente en el valor del trabajo, de la educación y de una gestión pública que no se quede en el discurso, sino que sepa ejecutar. Queremos una Colombia donde cada barrio, cada comuna, cada corregimiento y cada vereda tengan el desarrollo que se merecen, sin importar su historia ni su ubicación.
Esa noche en Manrique no fue un evento más. Fue un recordatorio de por qué decidí dar este paso, de por qué sigo creyendo en la política hecha con humanidad, con memoria y con compromiso real con la gente.

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